lunes, 9 de marzo de 2009

Solo hay un camino hacia la verdad – 01. Introducción

A lo largo de diversas experiencias en estos años, he ido configurando mi propia teoría de vida. Probablemente sólo sea válida para mí, pero no me resisto a pensar que quizá alguien pueda encontrar algo de utilidad o estímulo reflexivo en estas palabras.


Esto que yo llamo teoría, y que por utilizar esta palabra puede inducir a alguien a pensar que se trata de un grueso volumen sobre estudios filosófico-psicológicos, no es más que un compendio de pensamientos entrelazados y apoyados sobre una base que yo considero común. Se derivan de experiencias (normalmente desagradables) vividas, las consecuentes reflexiones derivadas y las conclusiones sobres las mismas.


Como quiera que en realidad no ha sido escrita, trataré de desglosar entrada a entrada los pormenores de la misma en base a 2 o 3 ideas establecidas, a las que quizá, se vayan uniendo otras según las circunstancias y las ganas de darle vueltas a la puta cabeza.

sábado, 14 de febrero de 2009

Música lacrimógena

Hoy ha vuelto a suceder, incontenible e irrefrenable. Un borbotón de sensaciones de felicidad y plenitud han chocado de lleno con la satisfacción auditiva que me provocaba escuchar la primera grabación de uno de los temas de Quimérica. Se produjo la catástrofe. Los nervios se rinden, el corazón se hace a un lado, los ojos se inundan y caigo desplomado con la misma consistencia que lo hiciera un vulgar trapo. Si esto se convierte en una maravillosa costumbre estímulo-respuesta tendré que consultarlo con un especialista. Tanto paroxismo no debe ser bueno, pese a las propiedades terapéuticas del llanto y la risa por separado, y que de seguro unidas han de amplificarse mutua y sinérgicamente, se evidencia que ha de tener consecuencias devastadoras para la mente, pues algo no puede ser tan bueno, tan intenso y tan aterrador y que no te joda de alguna forma.

Posiblemente nadie entienda lo anteriormente indicado, lo cual no me parecería extraño, pues casi no lo comprendo ni yo que lo escribo y padezco (no por este orden). Pero supongo que puede, si no explicarse, al menos mostrarse de manera más entendible. En realidad la explicación es simple: 5 años esperando que suceda algo son muchos años, y más si es el fruto de tu esfuerzo creativo (dije esfuerzo?); si el resultado después de tanto tiempo te llena, te maravilla y te entusiasma, todo se amplifica (mutua y sinérgicamente también) y al final es demasiado contundente para contenerlo dentro de un cuerpo. Así pues pasa lo que pasa.

Llorarreir es la mejor terapia del mundo, tanto que empiezo a creer que tiene bastantes posibilidades de desbancar al orgasmo.

martes, 10 de febrero de 2009

Manos desentrenadas

Hace siglos que no escribo nada en el blog. Vaya mierdazo. No es si no el más claro recordatorio de que sigo teniendo una deuda escritora conmigo, la más pesada y poco agradable de cuantas penden de mi inconsistencia; léase: voluntad.

Lo que verdaderamente me ha asustado es ver que la última entrada data nada menos que de marzo del año pasado, lo cual, en caso de descuido, hubiera significado un año. Rápidamente he decidido que no era posible, que debía escribir algo para aliviar mi conciencia privándola de soportar la dura idea de que había pasado un puto año sin escribir en el blog. De ningún modo. No acabo casi nada de lo que empiezo, pero hasta para la más absoluta dejadez hay reglas inquebrantables, y la más importante de todas ella es: Nada cae en el olvido para siempre; asumirlo sería una gravísima afrenta contra mí mismo, asumir que una parte ha muerto; que simplemente la dejé morir. No seré cómplice de ningún tipo de eutanasia creativa.

No es momento para hacer una “exposición de vergüenzas”, como dijo Heraclio, ni de encontrar falsas excusas. La verdad es que 2008 fue el año de la preparación y 2009 será el de los resultados, que ya empiezan a hacerse notar. Tengo muchos proyectos (qué novedad!) para este año y los venideros, y eso apacigua en parte mi alma. En verdad, si hecho la vista atrás un año, puedo ver que las cosas no son como antes. Sigo, persisto. Esta Catársis está próxima a su fin.

Quizá este es el renacer del Critiario Misantrópico, el día en el que dejará de ser exclusiva y definitivamente eso, y tomará una línea blogera más común, más heterogénea supongo. De modo que hasta nueva orden, el Criticario seguirá llamándose así, pero puede que tome otros matices diferentes.

Además aun conservo algunas entradas que escribí hace tiempo y que merecen ser vomitadas en toda regla y concisa expiación. No quiero perder mi alma todavía. Al final he escrito, sin ganas de escribir y sin ganas de repasar lo escrito. Pero lo he hecho, y ya empiezo a sentirme mejor por aquello de lo terapéutico que resulta escribir tus mierdas en una pared a oscuras, y por recordar que no dejé pasar un año sin escribir en mi blog.

lunes, 3 de marzo de 2008

El Cara a Cara

Los púgiles se observan instantes antes de saltar al cuadrilátero. En sus ojos, lejos de la deportividad se adivinan los ecos de un odio insano, de una demencia voraz que sólo puede ser saciada con sangre. Entre tanto, repasan mentalmente todas aquellas artimañas que han de servirles para su propósito, que han de otorgarles el poder de aplastar a su adversario sin piedad y con la mayor de las crueldades. Aquí no vale ganar si no causar el daño más atroz posible.

Esta sensación me dejó contemplar de manera anárquica diferentes momentos del famoso cara a cara. Siendo consciente de que esto causaría daños irreversibles al cerebro de un apolítico como yo, decidí arriesgarme.

Al final tuve que decidir que fue una nefasta idea. No porque no viera nada nuevo o nada que me sorprendiera, si no porque vi exactamente lo que creía que vería: Una reyerta a navajazos traperos. Con este debate se puso de manifiesto la auténtica realidad de la política que hoy se hace en este país y que no consta de otras cosas que descalificaciones pueriles y demagogias calculadas que buscan fijar en la mente del televidente mensajes clave como por ejemplo: “Usted miente, miente siempre”. Los políticos basan su estrategia en examinar actuaciones del contrario para destriparle y ridiculizarle de la manera más abyecta posible, hacer que parezca un patán falto de cataplines, seriedad y honestidad; y para ello todo vale: manipulaciones cuidadosas de informaciones pasadas, descontextualización de comunicados, y sobre todo aparentar que se tiene razón.

En un segundo análisis, más profundo quizá, me atrevería a decir que esto no es ni mucho menos un debate. Estoy más que seguro este enfrentamiento no es concebido de otra forma que como el choque entre dos monólogos cuidadosamente preparados por expertos de guerra semántica para herir de la mejor forma, además de un buen repertorio de contraataques-respuesta para evitar los envites del oponente. No hay dignidad en todo esto, ni reparo tampoco, sólo vale tratar de hundir al otro sin el más mínimo atisbo de coherencia y naturalidad en frases preparadas para ser insertadas como aguijones en el lomo ajeno.

Lo peor de todo esto es que si lo hacen así es porque saben que funciona. Porque saben que la mayoría de la gente es lo suficientemente imbécil como para creerse sus mentiras y tomar esas descalificaciones de parvulario como palabra divina, y quien no se lo crea no tiene nada más que ver uno de esos asquerosos mítines con montones de oligofrénicos babeando y coreando cada gilipollez que llega a sus oídos. Que grande tiene que sentirse uno manipulando torpemente a semejante masa de lobotomizados; cuya aproximada mitad ha de agradecer su estado al fútbol y el alcohol.

Ya para terminar y poner la guinda no hay escena más repulsivamente patética que ver a sendos mamarrachos afirmar, henchidos de fingido orgullo, que “han ganado el debate”, cosa que hace enloquecer a la panda de border-lines que lejos de tener la suficiente capacidad de pensamiento para cuestionarlo o tan sólo dudarlo, sólo saben aplaudir y seguir babeando. Además de patético ridículo, examinemos lo incoherente de la situación, pues en cualquier enfrentamiento de cualquier tipo siempre se sabe quien ha ganado, si ha habido ganador, o en que condiciones se a identificado un empate. Ir por ahí pregonando que has ganado cuando tu oponente hace lo mismo que tú sólo consigue degradar tu imagen hasta equiparala a la de un payaso de circo mediocre, al que sólo se le puede mirar sin gracia y con pena… pero claro, los oligofrénicos poco saben del pensamiento razonado…

… Trataba yo simplemente de averiguar si este debate podría ayudarme a estrenarme en esto del voto democrático, a mis ya 26 años…, y al final me ha pasado lo mismo de siempre, que incapaz de descartar al peor de esos necios, sólo soy capaz de sentir un inconmensurable y profundo ASCO.

jueves, 14 de febrero de 2008

San Valentín

Nos encontramos en una de esas fechas que los comerciantes, sobretodo los floristas, esperan con impaciencia: San ValeDINEROntín.

Aunque es una festividad con orígenes no comerciales, se ha convertido con el tiempo en una buena oportunidad para convencer a la gente a gastar dinero por una buena causa: El amor. Pero me resulta curioso la antítesis que se desprende de este día tan comercial, pues el amor es algo puro que se da libremente desde el corazón y el dinero esa sustancia sucia que envenena nuestra sociedad. Imagino que con el tiempo nos harán fiestas comerciales por cualquier cosa. El día del abuelo, el día del nieto, el de la suegra, el del yerno, el del amante… Miro al futuro con inquietud y me pregunto que fiestas habrá dentro de 20 años. ¡La fiesta del pollo verde! ¡Pintemos los pollos con spray color moco y vendámoslos 5 veces más caros como el símbolo de la suerte!

Por desgracia, indudable es que hoy en día se trata de un día sacadineros, y huelga decirlo pues todos deberíamos saberlo a estas jodidas alturas... “Demuestra que la quieres”, y otros epígrafes similares nos avasallan desde hace días. Pero yo capto otro matiz por el que desde mi punto de vista esta celebración (como otras) se evidencia como algo vacuo y sin sentido. ¿Por qué demostrarlo precisamente hoy? A mí juicio se trata de una manifestación sin valor, ya que carece de iniciativa propia y de la espontaneidad que hace de este recordatorio algo especial. La sociedad nos dice que hoy tenemos que regalar algo a la persona amada para hacerla partícipe de ello, como si fuéramos seres sin capacidad de elegir y razonar, sin sentimientos propios, ya que necesitamos que nos recuerden que es el día en que tenemos que demostrar nuestro amor. ¿Qué sentido tiene hacer algo que no ha nacido de tu propia necesidad para llevarlo a cabo, sino que te han instado a hacerlo? Yo creo que un sentimiento bello y sincero nace del momento adecuado para expresarlo, no de una imposición predeterminada. No puedo verlo más que como una hipocresía vil, pero lo peor quizá, es que es muy triste.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Marcado como ganado

Me hastía en ocasiones el ridículo comportamiento social. Me cansa pensar cada vez que voy a una entrevista de trabajo que he de quitar mis piercings para dar una “buena impresión”, o leer en algunos anuncios de trabajo: buena imagen. ¿Pero de dónde salen estas estupideces? ¿Acaso soy menos válido por llevar mi cuerpo adornado con aceros y pinturas “indelebles” sobre la piel? ¿De dónde sale el criterio pervertido que me aliena de esta forma? ¿Me discrimina el resto por elegir un determinado estilo, o me alieno yo eligiendo algo que no está del todo aceptado en nuestra torpe sociedad?

Cuando fui a mi entrevista de teleoperador me quité los aceros. Después, ya en el trabajo y durante varios meses iba a trabajar sin ellos, hasta que un día me dije: ¿para qué? Aquí sólo me ven mis compañeros y los clientes se encuentran separados por un buen trecho de tierra antes de poder ver mi cara y horrorizarse por su propia falta de tolerancia.

Quizá por fortuna la cosa va cambiando, y si bien hace 5 años la gente miraba asustada ese pincho que llevo agarrado al labio, “el clavo”, como lo llama mi padre; bien es cierto que las reacciones de la gente parecen menos retrógradas que un lustro atrás, pues las muecas de pánico han dado paso a las sonrisas y las bromas.

Parece que hay una evolución en la sociedad, a menos que viva en un mundo de engaño por el hecho de residir en una ciudad universitaria como es Granada, en la que toda clase de ganado de todas las tribus urbanas existentes se pasea cada año por la ciudad. Pero si la sociedad parece avanzar, ¿por qué no lo hacen también las empresas? ¿Por qué exigen buena presencia? ¿Acaso eso modifica o condiciona mis cualidades o competencias laborales? ¿Trabajaré mejor si voy de traje y me pongo gomina? Y peor aún, ¿qué es eso de buena presencia? ¿En quien recae la potestad de decidir qué es adecuado para representar ese concepto de buena imagen? ¿Quién dicta estas pautas artificiales de moralina prefabricada? ¿He de sentirme mal porque soy un tatuado, o porque llevo pelo largo y perilla? ¡Basta ya señores!, seamos serios. Hagamos uso de esas facultades en desuso como son la lógica o el sentido común, y si ni por esas somos capaces de entenderlo entonces apelemos al respeto, a la no discriminación, y al trato igualitario que a modo de fe ciega nos permitan disociarnos de tanta perversión sináptica.

Cada cual es libre de tener sus gustos y opiniones y a mí poco me importa si el tío que me paga por trabajar piensa que soy ridículo, incivilizado o estúpido por llevar un aro en la nariz, siempre y cuando me escoja para el trabajo sin que mi aspecto influya para la elección. Con eso me basta.

lunes, 23 de julio de 2007

Vivir en la retaguardia, vivir a medias

En mis tiempos de telefonista me planteé la vida muchas veces. El futuro, los sueños, su posible conexión más allá de la simple imaginación.

En ocasiones me preguntaba: ¿Hacia donde me dirijo? ¿Es lo que anhelo? ¿Evoluciono hacia donde siempre he querido o me he pervertido en el proceso y me he acabado dejando llevar? ¿Cuál es el precio de la autenticidad o el color del talento?

Vivir es una lucha constante...; tediosa, cruel, inexorable...; una batalla perdida de antemano, pues un día nuestros huesos o cenizas reposarán en la tierra. Pero mientras llega ese momento, ¿aprovechamos nuestra valía? ¿Alcanzamos nuestros objetivos o nos resignamos a postergar nuestros anhelos autoexcusándonos para engañarnos y no ver la realidad?

La única persona a la que no se puede engañar es a uno mismo. Los demás pueden creer tus excusas pero eres tú quien decide inventarlas. En esta vida hay que luchar por el futuro, cumplir metas y alcanzar objetivos; debemos huir del conformismo en el que, aquellos que amasan el poder, nos sumen para mantener el control sobre el vulgo; hemos de luchar por y para nosotros; desafiar el sistema social preestablecido si es necesario para lograr nuestro objetivo; despertar y creer firmemente en nosotros pues valemos mucho más de lo que nos han permitido creer.

En esta sociedad se potencia la mediocridad y se aleja al público del conocimiento con el propósito de manejarlo con facilidad. Debemos tomar las riendas de la vida y dictar las normas de procedimiento según el YO, o nuestra sociedad seguirá estancada mientras los poderes nos utilizan a su antojo y desvían nuestra atención con falsedades.

Los opios televisivos nos hacen dóciles y resignados y nos alejan de nuestra propia lucha por el futuro, relegándonos a un segundo plano para pelear en la retaguardia, donde nunca estaremos expuestos al peligro, y donde nunca conoceremos la gloria.

Si la vida es un camino, yo me decía: ahora ando despacito; guardo mis energías para cuando rompa mis cadenas y comience a correr. Sigo en preparación, aprendiendo a rentabilizar mis fuerzas. Pero llegará el día en el que lucharé lejos de la retaguardia.

domingo, 17 de junio de 2007

¿Dónde?

Como una úlcera palpitante con funestas intenciones, como el cáncer bastardo que pretende pervertir la simiente de la vida; así me brotan hoy los ecos de viejas heridas nunca atendidas. Cicatrices que no se cerraron se amontonan formando un tapiz desquiciante testigo de mis desgracias. La sangre fue vertida y se fue quedando alevosa, corrupta y maldita. Ahora me supura el dolor como agujas escupidas desde dentro que descarnan mi piel a su paso. El inconmensurable dolor atenaza mis sentidos y preña mis ojos de ácido, pues de tanto que se me retuerce el músculo, éstos se inundan hasta quedar ciegos.

El músculo se va, se escapa…, languidece abandonado indefenso y ajado. ¿Dónde están las manos que han de curarle? ¿Dónde fueron los besos que habían de impedir que se pudriera en mitad de un pecho amoratado? ¿Dónde acabaron las caricias que debían dar consuelo … ¿Donde?

¿¡DONDE!?

¿Podré volver a amar? ¿Podré? ¿Si no para qué vivir? ¿Vivir para amar? ¿Amar hasta morir desgarrado?
Maldita sea…, caigo de rodillas y sólo puedo gritar sin voz: ¿donde?

domingo, 27 de mayo de 2007

Derecho a NO votar

Quiero defender la libre decisión de privarme a mi mismo del derecho al voto y explicaré que se debe a una cuestión de conciencia, a pesar de que algunos pudieran pretender argumentar lo contrario.
Soy plenamente consciente de que en el pasado muchas personas lucharon por obtener este derecho democrático tan importante, y en especial para la mujer, desgraciadamente discriminada en este campo incluso en nuestros días. Pero lo que toda esta gente, que derramó su sangre para tan noble fin probablemente no sabían, es que nuestros políticos robarían, ocultarían o manipularían información, buscarían excusas para matar, u ocultar sus intrigas, incurrirían en los muchos y muy diferentes tipos de corrupción como los acontecidos en nuestro o país o en el resto del mundo.

El político es un animal corruptible por naturaleza debido a su contacto con poderes y fondos monetarios, y es por esto que pienso que mi voto es demasiado valioso como para darlo a alguno de estos malhechores ávidos de poder. Así pues, manifiesto mi incapacidad para discernir si aquel en quien deposite mi confianza me traicionará.

Por suerte o desgracia en casi todos años de gobierno democrático en este país, o más correctamente en cada relevo de poder que se ha producido (legislatura creo que lo llaman), podemos encontrar muchos ejemplos de esta traición, de cómo esta gente se ha servido de una posición conseguida mediante la voz del pueblo para dar rienda suelta a diversas perversiones, y lo que es aún peor, todas esas cosas que nunca sabremos y que nos harían entrar en un estado de catatonia permanente con sólo imaginarlas.

Si alguien me pregunta porqué no voto, yo podría decirle: Mira tú, diste tu voto a este partido y mira lo que hicieron; evidentemente el me contestará: yo no podía saber que eso sucedería; y yo digo: por eso no voto, no sé como actuarán y no quiero arrepentirme demasiado tarde. El día que pueda tener la certeza de que mi voto no será utilizado con fines maléficos, lo daré.

viernes, 25 de mayo de 2007

Sueños de Teleopeoperador

¿Con qué sueña un teleoperador? Quiero creer que jamás nadie se ha formulado tan estúpida pregunta. Para los que no lo hayan hecho diré: Somos personas. El hecho de estar detrás de un teléfono repitiendo frases prefabricadas de manera cíclica y cadencia robótica, no nos resta toda la humanidad. Cuando dormimos supongo que estamos en la capacidad de hacerlo como cualquier otra persona.

Yo personalmente no he percibido ningún cambio drástico en mis fases de sueño ni en el contenido de aquellas que están impregnas de sueños, al menos a nivel general, aunque recuerdo una noche con un sueño peculiar en el que el inconsciente, o el subconsciente (o lo que sea) mezcló la realidad con la ficción y todo fue un tanto extraño…

Era teleoperador en la Estrella de la Muerte. ¡Qué guay dirán los frikis! Pues no. Aquello fue una pesadilla mayúscula. Allí estaba yo, con el incómodo uniforme de teleoperador imperial, que era más o menos como el del resto de oficiales de la Estrella de la Muerte, pero sin galones y sin botas por encima del pantalón (para una cosa que podía molar). Aquello era importante, pues atendíamos llamadas de toda la galaxia, de modo que nada de un solo país. Era una especie de centralita galáctica, La Centralita Imperial. Dábamos servicios varios según la demanda que básicamente consistían en transmitir llamadas a otros departamentos: los que querían alistarse en la Armada Imperial a recursos humanos; los que querían denunciar la ubicación de una base rebelde al servicio de inteligencia…; hasta aquí bien, vivía en la ficción de La Guerra de las Galaxias, mi sueño dorado; pero no era tan bonito como parece. Los conocedores de estas pelis saben lo que le pasa a la peña que trabaja para el imperio y que no hacen bien su faena... En cualquier momento al otro lado del teléfono podía aparecer aquel ser de casco oscuro y respiración asistida con la intención de hacerte papilla por haber cometido un error. Vivir con la amenaza de la muerte detrás de las orejas en las que se apoyaban aquellos cascos no era agradable, y menos tras ver como uno de los compañeros caía súbitamente tras un: Me ha fallado usted por última vez.

martes, 22 de mayo de 2007

Nueva especie en riesgo de extinción: El artista

Tengo la impresión de que el arte hace mucho que sucumbió a los desaires comerciales. Casi se trata ya de un concepto del pasado. En algún momento asistimos al giro de tuerca definitivo a un proceso comercial, en el que el arte se ha convertido en un producto del que sacar un beneficio rentable ignorando, vejando y menospreciando la figura del artista; obligándole a producir obras sin fondo ni sentimiento destinadas a satisfacer el bajo nivel de exigencia del vulgo.

A mi modo de entender el arte, en sus diversas representaciones, ha estado al servicio del potencial creador del que necesita expresarse para compartir el fruto de su pasión, expresando sentimientos y emociones, y transportando al receptor a un mundo diferente por medio de sensaciones ya sean escritas, auditivas visuales u otras. El artista siente que un agujero crece dentro de él cuando no es productivo, una fuerza desconocida y maravillosa le impulsa a crear llegando a un estado de trance en el que se alinea con el cosmos, en el que conoce la esencia misma de toda materia. Es una experiencia mágica y el producto puede ser disfrutado e interpretado por otros.

Pero nada es eterno. Los sabuesos de las corporaciones comerciales tienen un olfato agudo y los mecanismos para encontrar el punto justo en el que situar el nivel de exigencia popular.

Cuando el artista deje de ser necesario, pues su proceso creativo será imitado y reemplazado por el de las máquinas, su figura se convertirá en un cartón bidimensional representado por un rostro bonito escogido en un casting que seguramente se hará por ordenador.

Películas con un argumento vacuo y un guión de niños, composiciones musicales simples y repetitivas impuestas a cantantes con buena voz pero capacidad nula para la composición de la letra...

Bienvenidos a la nueva especie en extinción. El futuro se presenta sobrio e inclemente. En una pervertida y desbocada versión de la realidad, se me antoja que algún día el artista desaparecerá.

lunes, 23 de abril de 2007

¿Incompetencia crónica ó simple villanería?

Lo de levantarte cada día para responder por las incompetencias de otros, es jodido. Después de mucho meditar, he llegado a la conclusión de que no se trata de que todas esas personas de las que se quejan los clientes o los propios dirigentes de la empresa, sean seres intrínsecamente malvados, sino de un fallo de la sistémico en uno de los aspectos de la persona.

Creo que si decides construir vehículos y sacar muuucho dinero con ello, tu responsabilidad moral, adulta y madura te exige que respondas como es debido a los defectos crónicos de tus productos. Lavarse las manos o no responder a los clientes es una actitud de lo más pueril y lamentable y yo no lo considero otra cosa que una disfunción del sistema de competencia personal. El problema es, que resulta más fácil y ventajoso ampararse tras una pantalla de teleoperadores que se coman las ostias, mientras sacas nuevas campañas publicitarias para atraer a la gente, en vez de invertir ese dinero en dar soluciones a aquellos a los que le estás jorobando la vida. Y todo simplemente porque esa inversión en publicidad atrae nuevos clientes potencialmente compradores, mientras que emplearlo en solucionar problemas de aquellos que YA gastaron su dinero, es más o menos como tirarlo.

Así pues somos testigos de que a día de hoy lo verdaderamente importante no son las personas ni el bienestar de los demás, si no llenarse el bolsillo de dinero a más no poder y exprimir el sistema legal al máximo para que sirva a estos propósitos de aumentar, hasta reventar, el margen de beneficios.

Como auto-respuesta a la pregunta del encabezado, por recomendaciones del médico me quedo con la primera, pues aumenta mi autoestima en detrimento de la que siento por esos otros y se rebajan mis índices de misantropía, todo ello claro con el consecuente beneficio para mi salud derivado de la generación de ondas positivas y la omisión de aquellas más negativas.

LXXVI. La noche

Lenguas de ardiente sol que gritan desconsuelo,
la penumbra cubre la tierra
y de azabache tiñe el cielo.

Rugido itinerante de esa bola incandescente
que por su amor al puro firmamento,
cae llorando, cae inerte.

El calor se va agostando,
la vida viva se entumece,
la mortaja de obsidiana cubre el mundo,
las criaturas bastardas cobran vida
y la luz desaparece.

Enredado en su eterno delirar,
miro absorto el cielo y las estrellas
de este cielo embovedado,
que clama soledad y que ansía liderar
este aire impío y gastado.

El color queda enterrado
por la escarcha de la muerte,
que a su paso domina y cubre
como un tapiz voraz e irreverente.

Dios solar que de vida preñas al mundo,
¿Dónde queda relegado tu poder?
¿Donde hallarse puede tu otrora magia
si cobarde enmudeces hasta desaparecer?

Dios solar que languideces,
¿Qué retazo de vida me dejas
cuando el terror de la noche me envuelve,
cuando caigo presa de su gracia
y su manto de locura salvaje
me posee y envuelve?

La Fiesta

Odiaba las celebraciones, y más aún aquellas que tenían por objeto enaltecer o ensalzar mi propia persona. Siempre he visto como un ridículo ejercicio de futilidad estas reuniones “compromisales” en las que la gente se reúne con una excusa vacua y diáfana. Ya desde pequeño y pese a ser colmado de regalos, veía sin sentido las reuniones familiares propiciadas por la llegada de mi cumpleaños, que siempre he considerado referente del paso del tiempo y del tímido acercamiento de una más que ineludible muerte.

La última exposición de fotografía fue todo un éxito y se convirtió en el empujón definitivo para hacerme un hueco en el estrellato de aquella pequeña ciudad que se hallaba apartada de la civilización, en mitad de la nada. El ricachón de la ciudad, cuyo pasatiempo preferido para despilfarrar dinero era organizar fiestas, había decidido que mi súbito ascenso a la escena local le interesaba suficientemente como para poner en práctica su número de exhibición de falsa amistad, ese que consistía en premiar con una fiesta al incipiente famoso y poder salir así al día siguiente retratado con él, en actitud fingidamente cordial, en las fotos de la prensa.

Gentileza de mi nuevo amigo al que aun no conocía en persona, un cochazo de esos largos y oscuros me recogió en mi domicilio para llevarme entre algodones hasta la mansión de estilo moderno del archipastoso. Ya en las inmediaciones se presentía el alboroto organizado por los fotógrafos que se agolpaban frente a la verja como cachorros hambrientos pujando por atrapar en sus bocas una mama.

Mi anfitrión estaba allí, atrayendo la atención sobre sí, henchido de prepotencia y vanidad. Casi prefería ni imaginar la de mentiras que ya habría contado sobre nuestra nula relación. Salí de la limusina reajustando mi traje y de tras posar un pie en tierra los objetivos de las cámaras fotográficas giraron hacia mí al unísono como cabezas de gacelas aterradas por la cercanía de un depredador. Todas aquellas aberturas que apuntaban hacia mí parecían ojos indiscretos e inhumanos que miraban sin mirar poniendo a prueba mis acciones. Mi temperatura corporal montó considerablemente y todo movimiento se convirtió en una maniobra difícil y calculada susceptible de aprobación por parte de mis observadores. Una caída sería fatal...

Anduve con paso firme. Cada movimiento hacía parecer que aquellas piernas pesaban toneladas. Cuando llegué a reunirme con aquel que con tanta ansia me esperaba, cientos o quizá miles de impactos de flash habían reducido ya mi percepción de la realidad a meras formas burdas y deformes. “Mi amigo” me agarró por el hombro y como a una marioneta me posicionó allí donde debía estar para corresponder con lo anteriormente retratado en con otros foto-asaltos. Ambos sonreímos y yo básicamente me dejé llevar.

En algunos minutos los paparazzi quedaron atrás mientras caminábamos hasta llegar a su morada. Un generoso ventanal, de muchos metros de largo, mostraba el movimiento sinuoso y delicado de muchas personalidades que ya tuvieron su momento de gloria fotográfica en anteriores e idénticas celebraciones en “su honor”.

Una vez dentro, la tenue iluminación caracterizada por pequeños focos rojizos y la agradable música suave de piano, me condicionaron lo suficiente como para pensar que aunque fuera una patética idea, al menos tendría la ocasión de pasar una ocasión agradable. Pronto los rostros de personalidades ya consagradas de la ciudad me mostraban deferentes sus sonrisas, haciéndome sentir estúpidamente parte de ellos, de su grupo de élite social que tanto he repudiado siempre. Después de todo, me dije que no era demasiado malo si juzgaba por mí mismo y disfrutaba un rato. Escrutaría a la gente y trataría de atraer la atención e interés de alguien que pudiera ayudarme en mi carrera para consolidarme aquí y dar el salto a una gran ciudad. Era una idea repugnante en sí misma, pero era mejor no lamentar el desaprovechar oportunidades. Después de todo, ¿quién no ha chupado unos cuantos culos o incluso pollas? Quizá el fin justifique los medios...

El tiempo avanzó deprisa pues pronto atraje la atención de todos y cada uno de los presentes. A fin de cuentas yo era el protagonista y todos parecían conocedores de ello. Palabras desmesuradamente amables, sonrisas lascivas que podrían encerrar otras intenciones y que se mostraban igualmente rostros femeninos como masculinos. Aquellas gentes resultaban inexplicablemente cercanas y agradables. Lo más extraño de todo es que todos sin excepción daban la inquietantemente sensación de ser sinceros, y esa situación despertaba una incómoda sospecha en mi interior.

Las copas y los canapés se fueron acabando, la hora de la cena llegó y rápidamente nos fueron conduciendo hasta el comedor. El lujo cobraba en él su más clara representación; las paredes eran de mármol rosado rematado con columnas negras como el infinito. La mesa era magnífica, grandiosa, llena de cubiertos de plata escandalosamente brillantes, y rematada por una lámpara de araña, apagada, coronaba por incontables trozos de cristal y absurdas filigranas que debieron enloquecer a su hacedor. Había otra mesa de un lujo mucho menor situada cerca de la pared en perpendicularidad con la otra que estaba cubierta por un manto escarlata que ocultaba misteriosos manjares. La iluminación provenía de unas discretas velas situadas en las paredes, que transmitían un ambiente íntimo y encantador.

Distraído, deambulé por detrás de las sillas de ébano sin percatarme de que mi sitio ya estaba asignado, presidiendo tal homenaje a la suntuosidad. Me senté tímido, como pensando que hacía algo indebido a pesar de ver mi nombre allí escrito con letras cargadas. Pero por algún motivo me sentía como aterido por una sensación de torpeza y vergüenza infinitas que me impedían hacer un solo gesto con la esperada naturalidad, como si cepos de carne sudorosa me retuvieran.

En unos instantes los todos los comensales estaban sentados, como si tal ejercicio fuese algo de su costumbre. Hablaban por lo bajo con sus vecinos y dejaban escapar algunas miradas traviesas en mi dirección que me hacían ruborizar. Entró en escena nuestro anfitrión y todos guardaron un silencio sepulcral e incondicional de súbito y al unísono. Los instantes transcurrieron mientras las miradas de los presentes eran atraídas hacia el lado de la habitación que se hallaba en oposición diametral al lugar que yo ocupaba. Acto seguido hizo aparición un tipo encapuchado de torso generosamente musculado y desnudo, que se situó entre la mesa de la comida y la pared captando la atención de todos los comensales. “Para ser cocinero o camarero tiene un estilo particular”, pensé.

Con un gesto rápido y enérgico quitó la manta que cubría la mesa. Mi sorpresa fue total cuando lo que se descubrió bajo ella no era comida sino una mujer, joven, desnuda y atada con grilletes por las muñecas y los tobillos. Su piel blanca nívea contrastaba con el ébano de la mesa y su cabeza reposaba indicando que al menos se hallaba inconsciente. El hombre encapuchado a cogió de la barbilla y meneó su cabeza como si fuera un sonajero, con total falta de delicadeza. La chica abrió los ojos como con desorientación y miró en derredor. Enseguida su mirada se transformó en pánico mientras sus ojos orbitaban en todas direcciones. O era muy buena actriz o realmente le aterraba aquella situación. Abrió la boca, gesticulaba y mostraba sus dientes como tratando de gritar, pero ningún sonido brotaba de aquella garganta. El encapuchado cogió un hacha de carnicero enorme que debía pesar toneladas. El anfitrión habló y de pronto las caras de todos los presentes me regalaban su mirada demente y una sonrisa malsana.

-Es hora de que nuestro nuevo invitado participe en el banquete, o forme parte de él...

sábado, 21 de abril de 2007

Celebraciones cristianas...

No, no voy a reafirmar mi condición de ateo que despreciando y vejando por escrito esta ni otras de las, por mí tan odiadas, religiones. Eso quizá en otra ocasión (risas de esas de malo maloso)... Simplemente, me llama la atención como la hipocresía y la corrusión (mezcla de corrosión y corrupción) comercial llega a todos los putos lados de manera tan flagrante.

Y es que celebrar una comunión cuesta una pasta, del orden (según leí por ahí) de entre 2000 y 3500 euros; a saber: el convite, el trajecito inútil que sólo se pone una vez en la vida, la iglesia... En definitiva mucha pompa y mucha mierda, para que a la postre no sea más que un circo en el que los padres se flipan magnificando una celebración que en origen tiene un fondo religioso.

La religión se ha culturalizado y comercializado (entre otras perversiones) en algunos aspectos, de modo que estas comuniones al igual que otras celebraciones se han convertido en algo que la gente hace sin tener la más mínima mota de fe en ello. Es triste llevar a un hijo a un acto religioso por el cual no puede decidir, pero más aún es que en ocasiones ni los propios padres sean verdaderos creyentes, y gasten una fe de ateísmo práctico. Es una pantomima y una burla a la verdadera cristiandad y la gente que verdaderamente profesa esa fe. Es un ejemplo más de cómo el ser humano lo desvirtúa todo, y de cómo se hace negocio de todo cuanto lo que se puede deglutiendo la voluntad o la capacidad de decisión de las personas. Tal es la sociedad de consumo, tal es nuestra realidad como país de primer mundo grgrgrrrgrgrgrgrgrgrgr se man quitao las ganas de seguir escribiendo.

La Fiesta nacional, ¡vivan los toros y viva España!

Cayó ante mis ojos la noticia del niño ajusticiado por un toro gracias a que su padre decidió que la legislación Española no era lo suficientemente buena para él, y prefería adelantar un par de años el enfrentar a su hijo a la muerte. No sé si me horripila más que esta barbaridad carnicera se perpetúe en España (¡ole!) sin visos de ser prohibida, o el hecho de que un imberbe de 14 años, sin voluntad ni personalidad sea quien por propia iniciativa (curioso dato que su padre fue torero), decida lanzarse a estas prácticas patéticas y aberrantes.

Yo le daba 40 guantazos al padre y el doble al hijo, revés y envés alternativamente para aprovechar la inercia del movimiento, a ver si como producto y el efecto de este tratamiento cinemático/dinámico, se le aireaban los pensamientos, les volvía el riego a los lóbulos frontales y la cordura se despertaba en sus engurruñidos cerebros. ¿Cómo es posible que en los tiempos que corren que esta vergüenza para España aún exista y no contentos con eso encima haya gente que todavía lo avale? ¿Con qué derecho nos quejamos de los comportamientos de otros países si nosotros mismos nos hacemos esta publicidad al mundo, en la que decimos: SOMOS RETRASADOS?

El niño puede aseverar que ésta es su pasión (tal idea me parece simplemente vomitiva), y puede estar convencido de ello, pero sigue siendo un niño y estoy más que seguro que la mayoría de las facetas de su personalidad distan mucho de estar edificadas, o de por lo menos haber evolucionado mínimamente desde la puerilidad. El cerebro necesita tiempo para madurar, y a esas edades la moralidad prefabricada que se inculca en esta sociedad, muy probablemente no ha hecho efecto del todo.

Que un niño de 14 años no sea capaz de apreciar la vida de un animal y de respetarla como se merece es algo muy grave, porque eso quiere decir que no protegemos su inocencia suficientemente. Al final acabará tirado en el ruedo sangrando como un cerdo, con decenas de “asesinatos taurinos” a sus espaldas, y para colmo casi analfabeto. Si dios levantara la cabeza...; me cago en mi puta misantropía.

miércoles, 18 de abril de 2007

Adiós

Esto es una especie de circular. Circular no como adjetivo sino como nombre. Una misma carta dirigida a diferentes personas en la que lo único que cambia es lo referente al destinatario. Vosotros. Mis amigos.

Siento no haber hecho el esfuerzo de escribir una diferente para cada uno, pues todos la merecéis, pero no tenía las ganas y el arrojo necesario para emprender tan costosa tarea. No costosa no en lo referente a pasar por el trance de escribir durante largo tiempo, no, afortunadamente la vida aún no me ha hecho tan indolente como para soslayar tal nimiedad; sino para afrontar la idea de tener que hacer una carta personalizada para cada uno, en la que obviamente habría más personalización que el estúpido hecho de plasmar el nombre correspondiente con la afectuosa despedida de rigor, lo cual implicaría centrarme un poco en la persona, las cosas referentes a nuestra amistad, y un conjunto de circunstancias en las que prefiero no pensar, pues si lo hiciese quizás no sería capaz de llevar a cabo mis actuales determinaciones.

De todas formas siempre puedo esgrimir una absurda excusa para que ninguno de vosotros se sienta mal, porque aunque muchos no quieran reconocerlo, en el fondo todos sois (somos) unos egoístas y lo único que se satisface al yo escribir una despedida individualizada, es el sentiros alguien por la mera circunstancia de referirme a vosotros explícitamente. Prueba de ello es esa pequeña desazón que quizás os invade en este momento (en caso contrario es que no me tenéis aprecio, bastardos), ya que al no remitirme de manera individual, quizás pensáis que no me vale el esfuerzo hacerlo, o que no tengo nada que contaros en éstas mis últimas palabras, y razón no os falta ya que si no, lo haría sin duda (quien quiere hacer algo encuentra un medio, quien no, encuentra una excusa). Pero quizás podéis plantearos que si esto último fuese verdaderamente cierto no me estaría molestando en escribir esta jodida mierda, ¿no?.......Para no seguir extendiéndome, pondré la excusa para que os sintáis un poco mejor:

La verdad es que tengo mucho que decir a cada uno de vosotros, pero no podría hacerlo pues necesitaría cien cartas como esta, y no dispongo de tanto tiempo para escribirlas. Además, bien es cierto que prefiero callar muchas de esas cosas, pues así en los momentos de soledad podré nutrirme de algunas de ellas para expiar mi frustración cuando la concentración de ésta en mi ser torne a ser excesiva. Otra razón es, que aunque muchos de vosotros no os conocéis ni os conoceréis nunca y algunos os conocisteis mal, sabed que todos estáis muy juntitos en una de las parcelas que aún conservo de mi corazón, y no sería justo que os dispensara un trato individualizado, cuando lo que pretendo con esto es llevarme allí donde voy ese recuerdo de conjunto.

Ampuloso ¿verdad? Pues aunque pueda parecer cierto no deja de ser una basura, pues las palabras se las lleva el viento y los actos son los que hablan por las personas. Lo normal es que me recordéis como el excéntrico amigo que un día se marchó y del que nunca supisteis nada, que no debió sentir ningún aprecio por vosotros (egoísmo una vez más) o simplemente encontró algo mejor pues nunca volvió. Al lugar que voy sólo puedo ir solo, de ida y supongo que no de vuelta. Mi alma gemela que no existe recorrerá un camino semejante bajo similares circunstancias en algún momento de su vida.

Y ahora me despido, pero no para siempre, pues quizá en el futuro nos encontremos en algún lugar o plano de existencia (sea lo que sea seguro que será mejor que éste), y espero que no me guardéis rencor, pues todo lo anteriormente dicho sobre el egoísmo es aplicable en su totalidad a mí el primero, pues si yo lo pienso es por algo y no hay lugar para la hipocresía en este escrito.

¿Qué eres si no estás rodeado de personas que te conocen y valoran tu persona? En el fondo sin nuestros conocidos no somos nadie. Yo necesito dejar de ser quien soy.

Hasta siempre.
(Noviembre del 2002)

martes, 17 de abril de 2007

Privilegios asumidos

¿La evolución del pensamiento y la valoración de las necesidades están sujetas a un desarrollo progresivo ligado a la madurez? La importancia de las cosas en muchos casos es subjetiva además de relativa y a menudo esta sociedad de consumo nos empuja incluso a sentirnos frustrados por no gozar de bienes materiales completamente innecesarios. Lejos de establecer una argumentación a cerca de esta flagrante y triste realidad, explicaré una situación referida a mi persona y mi consecuente evolución de enfoque.

Pasó que, durante una época de aproximadamente dos años, tuve una lesión en mi rodilla izquierda. Cosas de la testarudez, no quise ir al médico contentándome con una actividad deportiva intermitente para darle tiempo de arreglarse cada vez que hacía uso de ella y volvía a dolerme. Tratándose de un arte marcial, el no uso de mi pierda izquierda durante tanto tiempo no sólo me impidió progresar con ella, si no que perdí las capacidades adquiridas y en cierto modo limitó otros desarrollos globales comprendidos dentro de la práctica de esta disciplina.

Aquella situación se prolongó de manera cíclica y alterna en períodos de dolor e inactividad hasta que decidí no utilizarla durante mucho tiempo. En ocasiones me torturaba pensar en aquello, pues si había contraído algún mal crónico, muy probablemente no podría recuperar la movilidad de mi pierna para aquellos usos marciales. Llegué a sentirme tremendamente mal pensando en ello en muchas ocasiones hasta que un día que volvía a mi casa, no recuerdo de donde, vi algo que cambió mi visión. Era una pareja no demasiado mayor aunque con una particularidad, y es que en lugar de ir cogidos de la mano por la calle o uno al lado del otro simplemente, ella empujaba la silla de ruedas en la que se sentaba él. Soy consciente de que he presenciado escenas semejantes decenas de veces antes pero por algún motivo en aquel momento, aquel día, me sentí terriblemente mal. En ese momento me di cuenta de lo egoísta que había sido en mis pensamientos. ¡Yo quejándome de no poder dar patadas a causa de mi rodilla cuando hay gente que ni si quiera puede andar! Tras el instante de callada reflexión y rabia a consecuencia de la injusticia “divina” que como a mucha otra gente, confinaba a este hombre a una silla de ruedas, me di cuenta de lo asombrosamente afortunado que era. Yo podía andar, saltar, correr y hacer deporte si abusar de aquella rodilla, mientras que otra mucha gente estaba privada de esos privilegios.

Aquello cambió en gran medida mi forma de ver el mundo y de enfrentarme a la vida. No me he hecho más conformista con ello, mi me regocijo en el hecho de ver a otros disminuidos, pero he conseguido dar un valor más justo a muchas de las cosas de la vida cotidiana. Lo que quiero decir es, que en ocasiones damos demasiado valor a cosas que no son para nada importantes o necesarias, ya sean materiales o de otra naturaleza y que de vez en cuando hay que saber ponderar lo que tenemos y deseamos para centrarnos.

Sin que realmente venga a ser exactamente lo mismo, expongo la cita de un gran amigo y que decía algo más o menos así: “si tienes un don o una capacidad, debes, tienes que aprovecharla, porque se lo debes a aquellos que carecen de ella”.

lunes, 16 de abril de 2007

¿Propina? ¡Yo también quiero!

Recuerdo como desde niño cada vez que dejaba un bar ó cafetería, mis padres o tíos dejaban alguna monedilla para el camarero. Durante todos estos años he aceptado con extrañeza tan curiosa costumbre. Aun siendo pequeño, curioso yo, pregunté a mi madre: Pero, ¿por qué? Y ella me dijo: Porque cuando el servicio es bueno se le dejan algunas monedas. Y me quedé tan a gusto con aquella escueta explicación durante bastantes años.

Con un poco más de madurez y aquella respuesta ampliamente caducada volvió a mí la duda. ¿Por qué? ¿Y porqué sólo los camareros? ¿Acaso no hay montones de personas que desempeñan empleos en los cuales prima el trato con el cliente? Parece que hay otros que también las reciben, butaneros, los peluqueros tienen una hucha en la peluquería, los botones del hotel....; aunque sobre todos ellos destacan los camareros. Pero… ¿y todos los demás? Los panaderos, los que atienden en los bancos, los que atienden a los ancianos en los centros geriátricos, la gente de la limpieza, los dependientes de las tiendas, los que te llevan la compra a casa... ¿y los teleoperadores de los centros de llamadas que conforman el servicio táctico de atención al cliente para tantas empresas? En mis tiempos de teleoperador, entre cliente borde y cliente irritado, recuerdo muchos otros satisfechos por la información dada y por el trato: “muy amable Francisco, un saludo”. En ocasiones (pocas) no faltaron los elogios, ¡pero no vi ni un duro extra! Ningún cliente me dijo: “estoy muy agradecido por su atención, ¿cómo puedo enviarle una propina?” Nunca me pidieron mi dirección, ni mi cuenta de paypal para mandarme pelas o hacerme una transferencia ¿Porqué esta discriminación hacia el resto de los trabajos? ¿Qué hace a los camareros tan especiales como para que la gente le de la propina? ¿Y donde se originó esta costumbre igualmente practicada en Francia, Inglaterra, Alemania y en dios sabe cuantos otros países?

En las largas noches de verano, esas en las que no se puede dormir por el calor que te pega a las sábanas, y en las que la mente llega a un estado de entendimiento superior en el cual pueden desvelarse todos los misterios por irracionales que parezcan, descubrí la razón:
Mi teoría es que gremio de los camareros está conectado con una red secreta que consigue fondos a través de las propinas. Una organización atemporal y mundial que a modo sectario recauda pelas desde el inicio de los tiempos para propiciar un cambio en la realidad del mundo, una conspiración global que espera el momento adecuado para actuar. Si contamos todo el dinero que se ha ido sustrayendo poco a poco desde el principio, podremos imaginar que la cantidad de dinero ha de ser cuanto menos exagerada. En este momento revelador en el que muchos genios y villanos de la historia han ideado como llevar a cabo los más destacados momentos de la historia, el cansancio pudo conmigo y no pude impedir que un Morfeo númida, grandote y musculado (¡en mi caso si era el de Matrix!) me acogiera en su seno.

Al día siguiente volví a contestar al teléfono como siempre, recibí a algún otro cretino como siempre, y algún que otra deferencia también. Al margen de estúpidas imaginaciones, casi me daban ganas de pedir mi merecida propina.

Link relacionados:
http://www.universoe.com/social/articulo/economia/46_propinas.shtml
http://solo.infames.org/odio-dar-propinas/ (hay que bajar un poco para verlo y, la cita de Reservoir Dogs es curiosa)

sábado, 14 de abril de 2007

La razón

Erich Fromm dijo: "La razón, la bendición del hombre, es a la vez su maldición". Y yo me pregunto: ¿Podemos calificar de bendición a aquello que nos ciega, que nos obstina, que nos engaña, que impregna nuestros pensamientos y saturan nuestros sentidos con reflexiones vanas e innecesarias, que en ocasiones se reflejan en las más excéntricas exaltaciones de la pateticidad humana?

El ser racional es un alarde de triste egocentricidad, pues siempre se ha considerado el centro de todo cuanto ha descubierto, o de aquello que ha creído conocer. Orgulloso y engreído, siempre ha ostentado la responsabilidad tan ingente que representa creerse centro, dueño y señor del mundo. Sin embargo, alienados por un escollo insalvable los animales permanecen allí, supuestamente sometidos por algún tipo de jerarquía divina y sobrenatural. Si hablaran estoy seguro de que se les encasquetarían unos cascos y un teléfono y los pondrían a coger llamadas en los call centers... Pero, ¿acaso no son en verdad los llamados a ser testigos de la lenta y progresiva destrucción de la estirpe humana perpetrada por ella misma desde lo más profundo de su inconsciencia? ¿Qué nos da la razón que nos hace superiores? ¿Disgustos? ¿Engaños? ¿Capacidad destructiva?

Aunque no lo queramos creer, aunque no seamos capaces de admitirlo, aunque no podamos si quiera imaginarlo, somos para nuestra desgracia los más débiles seres que conocemos. Aquel animal desdichado, condenado a sufrir la irracionalidad a la que ha sido sometido tan cruelmente, puede ser dañado físicamente, podemos provocarle un dolor espantoso, incluso la muerte. Pero en cambio el ser humano, ser supremo, amo de toda la creación concebido con el único propósito de gobernar sobre el resto de seres vivos que pueblan la faz de la Tierra porque es superior; no sólo puede ser herido de ésta misma manera, sino que además puede ser herido de otra aún peor, terriblemente peor, tanto que algunos acaban con su vida por no poder soportar este pesar. Mientras que el dolor físico se disipa con el tiempo, el otro puede dejarte una marca tan profunda, que resto de tu vida vivas atormentado por su culpa. Gracias a él podemos experimentar sensaciones atroces que marquen nuestra vida y la suman en la más profunda y ominosa desesperación.

¿No es verdad pues que somos más débiles que cualquier otro ser? ¿Qué nos hace superiores? Supongo que por lo menos eso no.

La razón condiciona nuestra vida en tanto en cuanto es la responsable de todas nuestras desgracias. Ella es la causante, por ejemplo, de que ames a alguien que no te corresponde, además del dolor que esto te provoca. ¿Somos superiores si sufrimos en silencio un amargor tan grande como el de suspirar por un amor inalcanzable? ¿Somos superiores si la muerte de un hijo provoca el hecho de perder las ganas de continuar con nuestra propia vida? ¿Somos superiores si tenemos que hacer unos esfuerzos ingentes de asimilar que nuestro propio padre ha intentado abusar de nosotros o asesinarnos? ¿Lo somos?

¿En que consiste la vida, pues? ¿En encajar uno tras otro cada vez más doloroso golpe? La razón nos condena, nos condiciona, nos hace débiles, y lo peor es que nos hace darnos cuenta de todo eso. Entonces somos testigos de nuestra propia penitencia, impuesta desde lo más profundo de cada individuo, arraigada en lo más hondo de nuestra existencia. Y yo me pregunto: qué nos espera contemplando este pensamiento que nos trae desde otro mundo la extraña impresión, de que el ser humano avanza ajeno y sin esperanza hacia el nauseabundo, apesadumbrante e inexorable final al que la razón nos condena con su instinto de autodestrucción. ¿Acaso hay algo peor que eso? Yo creo que no.